Una ambición para la UNESCO

En un momento en el que resurgen en el mundo tensiones que creíamos extintas, en el que retroceden algunas libertades fundamentales, en el que hay pueblos obligados a huir en masa de la miseria y de la violencia, en un momento en el que las reivindicaciones identitarias o religiosas alimentan las discordias nacionales e internacionales, en un momento en el que se materializan las amenazas medioambientales, la misión de la UNESCO es más crucial que nunca.

La UNESCO debe afirmarse con ambición como la consciencia de las Naciones Unidas, retomando las palabras fundacionales de Léon Blum, para asumir plenamente todo el perímetro de sus misiones y rechazar cualquier visión reductora de su mandato.

Mediante la educación, la cultura, la difusión de la ciencia y del desarrollo sostenible, la defensa de los valores humanistas, la UNESCO podrá hacer vivir los resortes más profundos, los más seguros a largo plazo, del proyecto universalista de paz y de democracia de las Naciones Unidas.
La UNESCO es el lugar único y legítimo que puede ofrecer a los hombres y mujeres de buena voluntad un espacio de diálogo, que no es inmune a las tensiones del mundo pero que, al contrario, les permita tratarlas de otra forma que mediante el enfrentamiento estéril.

Esta ambición implica evoluciones para la UNESCO, tanto en la implementación de sus misiones como en su organización. La UNESCO, como foro de pensamiento y de organización operativa, tiene su propio lugar, esencial, en el sistema de la ONU.

Es esencial que encarne plenamente cada uno de los papeles que se le asignan, en todo el mundo, con voluntarismo y eficacia, empleando nuevas herramientas tecnológicas o conceptuales, fomentando un enfoque global para crear sinergias entre todos sus ámbitos de actuación.

La educación como germen de desarrollo y de igualdad entre sexos

Aunque la escolarización haya avanzado de forma continua a nivel mundial durante las últimas décadas, su progresión no es lineal. La escolarización de los niños y la lucha contra el analfabetismo siguen siendo una prioridad de la UNESCO que debe reforzar su actuación de forma más específica en las zonas que requieren una ayuda concreta para la estructuración de la educación básica.

Más allá de la escolarización primaria, la Organización apoya una visión global de la educación, como un proceso que acompaña a los ciudadanos a lo largo de toda la vida, para ser plenamente actores de un mundo en constante cambio. El objetivo de desarrollo sostenible n.º 4, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015, es garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y durante toda la vida. Como jefa de filas para el ODS 4 Educación 2030, la UNESCO debe implementar ahora las cuatro grandes orientaciones definidas en mayo de 2016.

La ciencia y la cultura participan, a través de la educación, en la emancipación individual que permite luchar contra el oscurantismo. La educación es la herramienta principal para luchar contra el repliegue sobre uno mismo y para permitir una apertura real hacia los demás. Permite dar a conocer y compartir saberes y valores comunes, basadas en el respeto y la diferencia. Por ello, la educación será mi prioridad. Se debe reafirmar esta ambición, en especial en África, y mediante el apoyo de las grandes redes que hacen también la fuerza de la Organización, a saber la red de escuelas asociadas y de cátedras UNESCO, que representan unos medios innovadores de promoción de la cooperación educativa y universitaria internacional.

La promoción de la educación debe aprovechar plenamente las oportunidades que ofrece la revolución digital. Es imprescindible acompañar la implementación de las infraestructuras requeridas por las técnicas modernas de comunicación en los planes de ayuda para la educación.

Sigue habiendo demasiadas niñas que no tienen un acceso equitativo a la educación secundaria indispensable para alcanzar la autonomía a la que aspira todo ser humano. Y ello a pesar de que está demostrado que aumentar el nivel de formación de las niñas es uno de los medios más eficaces para permitir el progreso social y el desarrollo económico. Como mujer, estoy convencida de que el camino hacia la paridad es un camino de progreso para el conjunto de la sociedad.

Refundar la ambición cultural para la UNESCO

Gracias a su saber hacer y a la calidad de sus empleados, la UNESCO se ha erigido como referente indiscutido mundial en el ámbito cultural. Está en el centro del corpus normativo internacional en este campo. Será conveniente mantener y reforzar este acervo. Se deberán buscar sinergias entre las distintas convenciones y programas en el ámbito de la cultura.

Pero la cultura es, a menudo, el objetivo de los oscurantistas, ya que es un nexo entre los individuos, un factor de libertad, de democracia y de desarrollo.
El patrimonio, material o inmaterial, es uno de los fundamentos de la identidad de los pueblos que lo protegen desde hace siglos. Destruir una obra o un edificio del pasado es atacar la cultura y la memoria de un pueblo. Desde Tombuctú a Palmira, de Bamiyán a Mosul, cada vez que se destruye una obra milenaria, se ataca a toda la humanidad, en su historia y en sus valores. Hay que oponer a las pasiones identitarias las virtudes pacificadoras de un patrimonio mundial concebido como la base de una memoria compartida entre los pueblos en un espíritu de tolerancia y de reconocimiento del otro e ir más allá, convirtiéndolo en el soporte de una visión común del futuro.

La UNESCO es un actor motor de la protección y de la reconstrucción del patrimonio destruido, como en el caso de Bosnia-Herzegovina, con el puente de Mostar, o en Camboya, con Angkor. La Directora General, Irina Bokova, ha trabajado especialmente en la defensa del patrimonio en peligro, como por ejemplo en Mali. En la línea de las actuaciones que ha lanzado, como Unite4Heritage, hay que continuar con esa movilización sin descanso, en colaboración con las iniciativas internacionales y regionales para encontrar los medios necesarios para proteger los bienes culturales y los yacimientos.

Ese será, por ejemplo, el caso en lo que respecta la colaboración con la Alianza Internacional para la Protección del Patrimonio en las Zonas de Conflictos, creada tras la conferencia internacional de Abu Dabi de diciembre de 2016.

Se debe acentuar la lucha contra el tráfico ilícito, corolario de la protección del patrimonio, pero también de la lucha contra la financiación del terrorismo, aumentando la eficacia de las convenciones internacionales, apoyando esfuerzos de armonización de las legislaciones y de cooperación entre las autoridades de los Estados, y reforzando una educación universalista encaminada a proteger el patrimonio.

El otro escollo con el que nos enfrentamos es la uniformización rampante de las culturas. La UNESCO ha afirmado con firmeza en su convención de 2005 que la diversidad cultural es una característica esencial de la humanidad que debe valorarse y preservarse en provecho de todos. La diversidad es portadora de tolerancia, de justicia social y de respeto mutuo entre los pueblos y las culturas.

La mundialización de los intercambios y la apertura de los mercados, junto con la revolución digital, plantean desafíos inéditos en cuestión de acceso a la cultura, de intercambio de conocimientos, de diversidad y de libertad de creación, de circulación de las obras, de equidad de los intercambio. Hemos pasado, en diez años, de una era de la escasez a una era de la masificación del acceso a los bienes culturales en línea. Se plantean consecuencias profundas en términos de financiación de las industrias creativas. De forma simultánea, han aparecido nuevos retos, como la neutralidad del acceso a la información o la indexación de una oferta diversa.

En 2016, la UNESCO reconoció, mediante la adopción de un proyecto de directrices operativas, que la diversidad cultural también debe ser preservada en el universo digital. Esto constituye un nuevo desafío. Me comprometo a promover todos los dispositivos que favorezcan la preservación de una diversidad cultural en los nuevos medios de comunicación.

Convertir la UNESCO en un actor de referencia del desarrollo sostenible

En un planeta que alcanza sus límites biofísicos, la ciencia, la tecnología y la innovación desempeñan un papel fundamental para enfrentarse a los desafíos económicos, sociales y medioambientales y mejorar la gestión sostenible de nuestros recursos naturales. Los Estados deben responder en la actualidad a estos desafíos y más concretamente a la amenaza del clima y al peligro medioambiental, en colaboración con la sociedad civil.

La UNESCO desempeña un papel fundamental en la difusión de las herramientas de lucha contra el cambio climático y en la promoción de la investigación y de los intercambios científicos como demuestra el Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MAB). También protege espacios naturales que cuentan con una biodiversidad rica que protege y valoriza el ser humano.
Tras el acuerdo de París sobre el clima de diciembre de 2015, la Organización puede implicarse aún más en la cuestión estratégica del desarrollo sostenible como actor de referencia.

La UNESCO, garante de una investigación científica independiente llevada a cabo en beneficio del interés general, debe favorecer también una relación más estrecha entre la investigación y las políticas públicas para que cuenten en mayor medida con los avances de la ciencia, en especial en el ámbito de las ciencias sociales, como refleja la ambición del programa MOST. La UNESCO debe cumplir plenamente su misión de prospectiva y de promoción de la cooperación y de la educación científica. Se debe continuar con los trabajos en el campo de la ética y de la bioética; la UNESCO es un espacio para compartir el saber hacer científico en este ámbito.

La UNESCO como foro intelectual al servicio de los valores universales

La Organización, con la fuerza intelectual y moral que permitió su fundación durante la reconstrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial, debe reforzar los vínculos con los grandes pensadores de nuestra época, intelectuales, científicos, grandes artistas representativos de todas las culturas. Deberán actuar como representantes de la universalidad del pensamiento humano y del avance de las civilizaciones para impulsar sus propios valores más allá de las fronteras. El papel de las ciencias humanas y sociales a este respecto es fundamental para entender y aprehender mejor las grandes evoluciones de las sociedades, pasadas o presentes. La UNESCO debe apoyarse también en el dinamismo y la creatividad de la sociedad civil pero también de otros organismos del sistema de la ONU.

La UNESCO es, en todo el mundo, la defensora de la libertad de expresión. La seguridad de los periodistas sigue siendo, a este respecto, un objetivo principal relacionado con ella. Los nuevos medios de comunicación digitales también deben estar al servicio de esta ambición para ampliar su audiencia.

Por último, la UNESCO es la organización del diálogo entre los pueblos y no una cámara de eco de las disputas estatales. Es el lugar donde se producen los debates y las grandes reflexiones de nuestro tiempo, la Casa del diálogo, en el que los actores decisivos del mundo de la ciencia, de la educación, de la cultura y de la comunicación debaten respetando a todo el mundo, en torno a unos valores fundamentales compartidos. Se debe priorizar siempre la prevención de conflictos para no desembocar en situaciones de bloqueo.

Aumentar la eficacia de la UNESCO en beneficio de todos

Los desafíos cruciales a los que debemos enfrentarnos colectivamente requieren que la Organización pueda actuar más rápidamente, con un método de gobernanza claro, comprensible y eficaz. Por ello hay que continuar con los esfuerzos para que pueda estar más presente sobre el terreno, lo más cerca posible de los Estados y de la población, en especial continuando con la reforma de las oficinas fuera de la sede.

Es responsabilidad del Director General, basándose en la voluntad de los Estados, implementar las orientaciones resultantes alcanzando los consensos necesarios y fijando objetivos identificables y cuantificables teniendo en cuenta los presupuestos.

La Organización debe reafirmar su carácter universal, que induce a que todos participen, en función de sus recursos, en la financiación de los programas. El Director General deberá llevar a cabo un trabajo inagotable de búsqueda de financiación, ya sea ante los Estados, para que aumenten su responsabilidad en cuestión de solidaridad internacional, o mediante nuevas formas de financiación. Se deben institucionalizar y reforzar las distintas cooperaciones con entidades territoriales, instituciones científicas y culturales, fundaciones y grandes museos. Se debe buscar una mayor visibilidad de los fondos disponibles en el marco del diálogo financiero estructurado para alcanzar una mejor asignación de los recursos extrapresupuestarios en los programas prioritarios.


Esta es, en pocas pinceladas, la ambición impulsada por esta candidatura, que se basa en la idea de que la UNESCO tiene, más que nunca, un papel importante que desempeñar en el mundo de hoy y de mañana.

Audrey AZOULAY